La extraterritorialidad de la legislación estadounidense: una amenaza persistente para las empresas europeas

por Olivier d'Auzon
El segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca promete ser un punto de inflexión en las relaciones transatlánticas. La llegada de una nueva Administración suele suscitar esperanzas de apaciguamiento, sobre todo en lo que respecta a la aplicación extraterritorial de la legislación estadounidense. Sin embargo, la realidad es más ambigua. Detrás de la retórica diplomática, Estados Unidos prosigue su agresiva política jurídica, imponiendo su visión de la ley más allá de sus fronteras y presionando a las empresas europeas.
Esto plantea una cuestión fundamental: ¿es Europa capaz de contraatacar y proteger eficazmente sus intereses económicos?
Un marco legislativo más restrictivo que nunca
«Los días de los casos BNP Paribas y Alstom parecen estar desapareciendo», observa Olivier de Maison Rouge, abogado de empresa especializado en inteligencia económica y director del MBA en Gestión Estratégica e Inteligencia Jurídica (MSIJ) de la École de Guerre Economique (EGE). Sin embargo, esta impresión es engañosa. La extraterritorialidad de la legislación estadounidense sigue siendo una poderosa palanca de presión económica sobre las empresas europeas, con consecuencias estratégicas de gran alcance.
La Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA): una herramienta de dominación económica
Adoptada en 1977, la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA) pretendía inicialmente combatir la corrupción de las empresas que operan a escala internacional. Pero a lo largo de las décadas, su aplicación se ha ampliado exponencialmente, permitiendo a las autoridades estadounidenses intervenir en casos que aparentemente sólo tendrían un tenue vínculo con Estados Unidos.
Este vínculo puede ser tan insignificante como una transacción en dólares o el uso de un servidor con sede en Estados Unidos. Como señala Olivier de Maison Rouge:
«Estados Unidos se ha dotado de un arsenal jurídico que le permite sancionar a empresas extranjeras siempre que exista un punto de contacto, por mínimo que sea, con su mercado o su sistema financiero».
Otras herramientas de influencia estadounidense
Además de la FCPA, otros mecanismos legislativos y reglamentarios permiten a Estados Unidos ejercer una presión considerable sobre las empresas extranjeras:
- La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC): esta agencia del Tesoro estadounidense gestiona las sanciones económicas y puede prohibir cualquier transacción con países embargados, lo que afecta directamente a las empresas europeas.
- La Cloud Act: aprobada en 2018, obliga a las empresas estadounidenses a facilitar a las autoridades los datos almacenados en el extranjero, lo que plantea un importante problema de soberanía digital para los actores europeos.
- Sanciones económicas y comerciales: cada vez más utilizadas, se dirigen tanto a Estados (como Irán o Rusia) como a empresas consideradas contrarias a la política exterior estadounidense.
Estos mecanismos muestran hasta qué punto Estados Unidos ha sido capaz de transformar sus leyes en una herramienta estratégica de dominación económica.
Europa sigue siendo demasiado vulnerable
Frente a esta ofensiva jurídica, Europa ha intentado reaccionar. Sin embargo, sus respuestas siguen siendo tímidas y a menudo ineficaces.
El Reglamento de bloqueo: una protección insuficiente
En 2018, la Unión Europea actualizó su Reglamento de bloqueo, un instrumento diseñado para proteger a las empresas europeas de las sanciones extraterritoriales de Estados Unidos. Este reglamento prohíbe a las empresas de la UE cumplir con leyes extranjeras no reconocidas por la Unión.
En la práctica, sin embargo, ha resultado en gran medida ineficaz. Como señala Olivier de Maison Rouge: «Las empresas prefieren cumplir las exigencias de Washington antes que arriesgarse a quedar excluidas del mercado estadounidense».
Las grandes empresas europeas, sobre todo las que tienen intereses financieros en Estados Unidos, prefieren evitar cualquier conflicto y cumplir las exigencias americanas, a falta de un verdadero apoyo europeo.
La ley Sapin II: un principio de emancipación, pero con límites
En Francia, la ley Sapin II, adoptada en 2016, pretendía reforzar el marco nacional de lucha contra la corrupción y limitar la intervención de las autoridades estadounidenses. En particular, introdujo el Acuerdo Judicial de Interés Público (AJIP), que permite a las empresas francesas negociar directamente con la justicia nacional en caso de sospecha de corrupción.
Sin embargo, el impacto de este mecanismo sigue siendo limitado. Como explica Olivier de Maison Rouge:
«Es un paso adelante, pero sigue siendo insuficiente para frenar la presión jurídica ejercida por Estados Unidos».
Mientras las empresas francesas y europeas dependan del mercado estadounidense, seguirán siendo vulnerables.
¿Hacia una autonomía estratégica europea?
La extraterritorialidad de la legislación estadounidense pone de manifiesto un importante fallo en la independencia económica de Europa. Para remediarlo, se están explorando varias vías.
Desarrollar una infraestructura financiera independiente del dólar
Uno de los principales puntos débiles de Europa es su dependencia del dólar para las transacciones internacionales. Para remediarlo, es crucial promover :
- La utilización del euro en el comercio internacional, especialmente a través de acuerdos bilaterales con socios estratégicos.
- El establecimiento de un sistema de pagos alternativo al SWIFT, menos vulnerable a la presión estadounidense.
Regulación digital soberana
Europa también necesita una estrategia digital sólida, en particular para contrarrestar los efectos de la Ley de la Nube. Esto implicará
- Crear servicios europeos en la nube seguros e independientes de los estadounidenses.
- Reforzar las leyes de protección de datos, como el RGPD, para limitar el acceso de las autoridades estadounidenses a la información sensible en poder de las empresas europeas.
Un marco regulador unificado y ofensivo
Por último, Europa necesita hablar con una sola voz frente a la presión estadounidense. Esto implica
- Una mayor coordinación entre los Estados miembros en materia de normativa anticorrupción y sanciones económicas.
- La capacidad de tomar represalias contra las prácticas extraterritoriales abusivas de Estados Unidos.
Una larga batalla por delante
En conclusión, la extraterritorialidad de la legislación estadounidense sigue siendo una formidable herramienta de poder, que permite a Estados Unidos imponer sus intereses mucho más allá de sus fronteras. Aunque Europa ha tomado conciencia de esta amenaza, las respuestas que ha aportado siguen siendo en gran medida insuficientes para proteger plenamente a sus empresas.
Como concluye Olivier de Maison Rouge: «Mientras las empresas europeas dependan del mercado estadounidense, seguirán siendo vulnerables. La batalla por la soberanía económica y jurídica no ha hecho más que empezar».
El futuro de Europa pasa, pues, por una verdadera autonomía estratégica, económica y jurídica, la única que le permitirá hacer frente a las grandes potencias mundiales.
fuente: Le Diplomate Média
Commentaires
Enregistrer un commentaire