Irán resiliente: los límites de la estrategia de máxima presión estadounidense-israelí

Gastel Etzwane
A pesar de una retórica especialmente dura de ambas partes,
Irán mantiene una posición estratégica sólida que hace extremadamente difícil
cualquier intento de capitulación impuesta por Estados Unidos e Israel. Esta es
la principal conclusión de Responsible Statecraft, publicación del Quincy
Institute for Responsible Statecraft, un influyente think tank estadounidense
conocido por sus análisis realistas y no intervencionistas en política
exterior.
Exigencias percibidas como inaceptables
La administración Trump, en estrecha coordinación con
Israel, busca imponer a Teherán lo que equivale a una capitulación de facto.
Las principales condiciones propuestas incluyen:
- El abandono total
del uranio enriquecido al 60 %, nivel cercano al umbral militar;
- Una reducción
drástica, e incluso un desmantelamiento parcial, del programa balístico iraní;
- La disolución o el
debilitamiento significativo de sus alianzas regionales (Hezbolá, hutíes,
milicias en Irak y Siria);
- El abandono
definitivo del control soberano del estrecho de Ormuz, arteria vital del
comercio petrolero mundial.
Para el gobierno iraní, sin importar su orientación, aceptar
tal paquete equivaldría a un suicidio político. Teherán lo percibe como el
equivalente moderno de las “concesiones desiguales” impuestas a los países del
Sur en el siglo XIX por las potencias coloniales, una grave violación de la
soberanía nacional y de los fundamentos mismos de su doctrina de defensa.
Las ventajas persistentes de Irán
A pesar de las reales dificultades económicas, las duras
sanciones y las tensiones internas, Irán cuenta con poderosas palancas que
limitan considerablemente el margen de maniobra estadounidense:
- El estrecho de
Ormuz: Irán controla uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo.
Cerca del 20 al 30 % del petróleo mundial transita por allí. Teherán ha
demostrado en varias ocasiones su capacidad para amenazar o interrumpir ese
tráfico, lo que equivale a “tener literalmente como rehén al mercado mundial de
la energía”.
- Capacidades
asimétricas: Gracias a su estrecha alianza con los hutíes en Yemen, Irán
mantiene una capacidad significativa de perturbación en el mar Rojo. Los
ataques reiterados contra el comercio marítimo internacional ya han demostrado
la eficacia de esta estrategia indirecta.
- Resiliencia
interna y tecnológica: Años de sanciones han obligado a Irán a desarrollar una
economía de guerra y cierta autonomía en los ámbitos balístico y nuclear. Esta
experiencia refuerza su determinación de no ceder en cuestiones consideradas
existenciales.
¿Hacia un pragmatismo forzado?
Este análisis, compartido por parte de los círculos
realistas en Washington, sugiere que la estrategia de “máxima presión”, aunque
indudablemente ha debilitado la economía iraní, no ha alcanzado su objetivo
principal: quebrar la voluntad estratégica de Teherán. Por el contrario, ha
consolidado entre los dirigentes iraníes la convicción de que cualquier
concesión mayor se interpretaría como una derrota histórica.
La administración Trump se enfrenta así a un dilema clásico:
continuar con una escalada arriesgada (con consecuencias potencialmente graves
sobre los precios de la energía y la estabilidad regional) u optar por una
negociación más realista, que reconozca las líneas rojas iraníes.
En definitiva, lejos de ser un régimen al borde del colapso, Irán demuestra una resiliencia notable que obliga a las grandes potencias a recalibrar sus ambiciones. El control de los estrechos estratégicos y las redes de influencia regional siguen siendo, por ahora, cartas decisivas en manos de Teherán.
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