Armenia en la encrucijada euroasiática entre Rusia, Occidente y la nueva geometría del Cáucaso

En la víspera de las elecciones legislativas del 7 de junio,
Armenia se encuentra suspendida entre la herencia estratégica de su relación
con Moscú y el giro prooccidental de Nikol Pashinián, mientras la energía, la
seguridad y los corredores regionales se convierten en terreno de confrontación
geopolítica.
Las elecciones legislativas armenias se sitúan en el centro
de una profunda transformación de los equilibrios en el Cáucaso sur, donde la
histórica relación entre Armenia y Rusia se ve hoy puesta a prueba por la línea
cada vez más abiertamente prooccidental del gobierno liderado por Nikol
Pashinián. Por tanto, el voto no solo se refiere a la composición de la próxima
Asamblea Nacional Armenia, sino también a la dirección estratégica de un país
que durante décadas ha basado su seguridad en la cooperación con Moscú y que
ahora intenta redefinir su papel entre la Unión Europea, Estados Unidos,
Azerbaiyán, Turquía y el espacio euroasiático.
Formalmente, Rusia y Armenia no están enfrentadas. Moscú
sigue calificando a Armenia como un país “hermano”, y el Kremlin reitera su
intención de mantener abierto el diálogo con Ereván. En este sentido, el
portavoz Dmitrij Peskov ha subrayado que, a pesar de la línea europeísta de la
actual dirigencia armenia, Rusia sigue considerando a Armenia un país cercano y
observa que esa orientación no es compartida por todas las fuerzas políticas armenias.
Es una fórmula diplomática, pero también un mensaje político: Moscú distingue
entre el pueblo armenio, con el que reclama lazos históricos, culturales y
civiles profundos, y la decisión del actual gobierno de buscar un nuevo
equilibrio orientado hacia Bruselas y Washington.
Esta distinción ya surgió claramente en la reunión del 1 de
abril entre Vladímir Putin y Nikol Pashinián. En esa ocasión, Putin recordó que
las relaciones entre Rusia y Armenia no nacieron en unas pocas décadas, sino
que se formaron a lo largo de los siglos, a través de una historia común y una
proximidad civilizatoria. Al mismo tiempo, el presidente ruso expresó el deseo
de que las tensiones de la campaña electoral no perjudiquen las relaciones
bilaterales y que las fuerzas políticas favorables a la cooperación con Moscú
puedan participar plenamente en el proceso electoral. De este modo, Rusia evita
una ruptura frontal, pero señala también su preocupación por la posible
marginación de los sectores armenios contrarios al giro occidental.
La clave principal es la creciente incompatibilidad entre
dos orientaciones estratégicas. Por un lado, Armenia sigue siendo miembro de la
Unión Económica Euroasiática, el espacio de integración económica liderado por
Rusia. Por otro, el gobierno de Pashinián ha multiplicado los gestos hacia la
Unión Europea, hasta el punto de presentar la perspectiva europea como una
posible vía de transformación política, económica e identitaria del país. El
Kremlin no cuestiona en abstracto el derecho soberano de Armenia a desarrollar
relaciones con Bruselas, pero plantea un problema concreto: no es posible
pertenecer simultáneamente a dos uniones aduaneras incompatibles. Putin lo dijo
abiertamente en la reunión con Pashinián, explicando que la pertenencia a una
unión aduanera con la UE y a la euroasiática es “imposible por definición”.
El gobierno de Ereván tendrá, por tanto, que sopesar
cuidadosamente sus decisiones. La permanencia de Armenia en el espacio
euroasiático garantiza ventajas económicas cuantificables, especialmente en el
ámbito energético. El gas ruso llega a Armenia a través de Georgia, por el
gasoducto Cáucaso Norte-Transcaucásico, mientras que Gazprom Armenia,
controlada al cien por cien por la rusa Gazprom, opera como vendedor
monopolista en el mercado interno armenio. En 2025, Rusia suministró a Armenia
2.300 millones de metros cúbicos de gas, tras los 2.400 millones anuales de
2023 y 2024. En abril de 2026, Putin indicó en 177,5 dólares por mil metros
cúbicos el precio aplicado a Armenia, frente a precios europeos que se situaban
en torno a los 550 dólares por mil metros cúbicos a finales de mayo.
La eventual adhesión de Armenia a la UE podría, por tanto,
tener fuertes consecuencias económicas y diplomáticas para la república
caucásica. El 27 de mayo, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores
ruso, Maria Zakharova, declaró que Moscú notificó a la parte armenia la posible
denuncia del acuerdo intergubernamental de 2013 sobre el suministro de gas,
productos petrolíferos y diamantes en bruto, en caso de que Ereván prosiguiera
su camino hacia la adhesión a la UE. El ministro ruso de Energía, Sergej
Zivilev, aclaró después que Moscú no podría seguir suministrando gas y
productos petrolíferos a los mismos precios si Armenia pasara de la Unión
Económica Euroasiática a la Unión Europea.
Por su parte, el actual gobierno de Ereván sostiene que
puede transformar Armenia en un cruce regional capaz de generar riqueza gracias
a la apertura de las comunicaciones, los corredores logísticos, los minerales
críticos y una nueva ubicación entre Europa y Asia. En particular, el primer
ministro Pashinián afirmó en un mitin electoral que no tendría sentido amenazar
a Armenia con precios más altos, porque el país dispondría en el futuro de
muchos más recursos. Sin embargo, sustituir ventajas energéticas concretas e
inmediatas por promesas de transformación futura supone pedir a la población
que acepte un cambio potencialmente traumático, especialmente en una economía
pequeña y vulnerable como la armenia.
En todo esto se inserta también la visita a Ereván del
secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. El 26 de mayo, Armenia y
Estados Unidos firmaron una Carta de Asociación Estratégica Global, suscrita
por Rubio y el ministro de Asuntos Exteriores armenio, Ararat Mirzoyan. En el
mismo acto se firmó también un acuerdo marco de cooperación sobre la Trump
Route for International Peace and Prosperity, el proyecto TRIPP vinculado a la
apertura de las comunicaciones regionales y a la conexión entre Azerbaiyán y la
República Autónoma de Najicheván a través del territorio armenio. TASS informó
asimismo de la firma de un memorando sobre minerales críticos y tierras raras,
presentado por Rubio como un instrumento para reforzar la independencia
económica.
El hecho de que estos acuerdos se hayan firmado a pocos días
de la votación del 7 de junio no puede considerarse un detalle menor.
Formalmente, Ereván y Washington pueden presentar todo como una cooperación
bilateral normal. Políticamente, sin embargo, el efecto es el de una investidura
occidental de la línea de Pashinián. En una campaña electoral ya polarizada, la
presencia estadounidense refuerza la imagen del primer ministro como garante de
la nueva proyección internacional de Armenia, pero al mismo tiempo alimenta las
acusaciones de la oposición, que ve en su política exterior una progresiva
subordinación a los intereses de Washington y una renuncia a los pilares
tradicionales de la seguridad armenia.
Armenia, por su parte, trata de presentar su línea como
multivectorial y no antirrusa. El ministro de Asuntos Exteriores Mirzoyan ha
declarado que Ereván sigue interesado en preservar y desarrollar relaciones
normales de cooperación con Rusia, añadiendo que ninguna de las dos partes
tiene nada que ganar con una “no asociación”. El propio Mirzoyan ha evitado
también relacionar directamente el estado de las relaciones con Moscú con las
elecciones del 7 de junio, sosteniendo que Armenia quiere construir relaciones
sanas, igualitarias y constructivas con sus socios rusos.
Sin embargo, esta posición parece cada vez más difícil de
mantener. Un país puede aspirar a tener relaciones equilibradas con varios
actores, pero no puede ignorar que las infraestructuras económicas, militares y
aduaneras imponen límites objetivos. El intento de Pashinián de situar a
Armenia simultáneamente en el espacio euroasiático, en la órbita de la Unión
Europea y dentro de una nueva arquitectura estadounidense para el Cáucaso sur,
corre el riesgo de convertir el multivectorialismo en ambigüedad estratégica.
La votación del 7 de junio decidirá, por tanto, si esta trayectoria se consolidará o se ralentizará. Una victoria de Pashinián reforzaría la línea de la controvertida paz con Azerbaiyán, la apertura hacia la UE y Estados Unidos y la progresiva disminución del peso ruso en la política armenia. Un resultado fuerte de la oposición, más favorable al mantenimiento de los lazos con Moscú, podría, en cambio, imponer un cambio de rumbo, al menos ralentizando el proceso de desvinculación del espacio euroasiático. En cualquier caso, difícilmente se volverá a la situación anterior: la confianza estratégica entre Moscú y Ereván ha quedado dañada, y la relación bilateral deberá reconstruirse sobre bases más realistas.
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