Armenia en la encrucijada euroasiática entre Rusia, Occidente y la nueva geometría del Cáucaso

 

por Giulio Chinappi

https://giuliochinappi.com/2026/05/30/armenia-al-bivio-eurasiatico-tra-russia-occidente-e-nuova-geometria-del-caucaso/

En la víspera de las elecciones legislativas del 7 de junio, Armenia se encuentra suspendida entre la herencia estratégica de su relación con Moscú y el giro prooccidental de Nikol Pashinián, mientras la energía, la seguridad y los corredores regionales se convierten en terreno de confrontación geopolítica.

Las elecciones legislativas armenias se sitúan en el centro de una profunda transformación de los equilibrios en el Cáucaso sur, donde la histórica relación entre Armenia y Rusia se ve hoy puesta a prueba por la línea cada vez más abiertamente prooccidental del gobierno liderado por Nikol Pashinián. Por tanto, el voto no solo se refiere a la composición de la próxima Asamblea Nacional Armenia, sino también a la dirección estratégica de un país que durante décadas ha basado su seguridad en la cooperación con Moscú y que ahora intenta redefinir su papel entre la Unión Europea, Estados Unidos, Azerbaiyán, Turquía y el espacio euroasiático.

Formalmente, Rusia y Armenia no están enfrentadas. Moscú sigue calificando a Armenia como un país “hermano”, y el Kremlin reitera su intención de mantener abierto el diálogo con Ereván. En este sentido, el portavoz Dmitrij Peskov ha subrayado que, a pesar de la línea europeísta de la actual dirigencia armenia, Rusia sigue considerando a Armenia un país cercano y observa que esa orientación no es compartida por todas las fuerzas políticas armenias. Es una fórmula diplomática, pero también un mensaje político: Moscú distingue entre el pueblo armenio, con el que reclama lazos históricos, culturales y civiles profundos, y la decisión del actual gobierno de buscar un nuevo equilibrio orientado hacia Bruselas y Washington.

Esta distinción ya surgió claramente en la reunión del 1 de abril entre Vladímir Putin y Nikol Pashinián. En esa ocasión, Putin recordó que las relaciones entre Rusia y Armenia no nacieron en unas pocas décadas, sino que se formaron a lo largo de los siglos, a través de una historia común y una proximidad civilizatoria. Al mismo tiempo, el presidente ruso expresó el deseo de que las tensiones de la campaña electoral no perjudiquen las relaciones bilaterales y que las fuerzas políticas favorables a la cooperación con Moscú puedan participar plenamente en el proceso electoral. De este modo, Rusia evita una ruptura frontal, pero señala también su preocupación por la posible marginación de los sectores armenios contrarios al giro occidental.

La clave principal es la creciente incompatibilidad entre dos orientaciones estratégicas. Por un lado, Armenia sigue siendo miembro de la Unión Económica Euroasiática, el espacio de integración económica liderado por Rusia. Por otro, el gobierno de Pashinián ha multiplicado los gestos hacia la Unión Europea, hasta el punto de presentar la perspectiva europea como una posible vía de transformación política, económica e identitaria del país. El Kremlin no cuestiona en abstracto el derecho soberano de Armenia a desarrollar relaciones con Bruselas, pero plantea un problema concreto: no es posible pertenecer simultáneamente a dos uniones aduaneras incompatibles. Putin lo dijo abiertamente en la reunión con Pashinián, explicando que la pertenencia a una unión aduanera con la UE y a la euroasiática es “imposible por definición”.

El gobierno de Ereván tendrá, por tanto, que sopesar cuidadosamente sus decisiones. La permanencia de Armenia en el espacio euroasiático garantiza ventajas económicas cuantificables, especialmente en el ámbito energético. El gas ruso llega a Armenia a través de Georgia, por el gasoducto Cáucaso Norte-Transcaucásico, mientras que Gazprom Armenia, controlada al cien por cien por la rusa Gazprom, opera como vendedor monopolista en el mercado interno armenio. En 2025, Rusia suministró a Armenia 2.300 millones de metros cúbicos de gas, tras los 2.400 millones anuales de 2023 y 2024. En abril de 2026, Putin indicó en 177,5 dólares por mil metros cúbicos el precio aplicado a Armenia, frente a precios europeos que se situaban en torno a los 550 dólares por mil metros cúbicos a finales de mayo.

La eventual adhesión de Armenia a la UE podría, por tanto, tener fuertes consecuencias económicas y diplomáticas para la república caucásica. El 27 de mayo, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, declaró que Moscú notificó a la parte armenia la posible denuncia del acuerdo intergubernamental de 2013 sobre el suministro de gas, productos petrolíferos y diamantes en bruto, en caso de que Ereván prosiguiera su camino hacia la adhesión a la UE. El ministro ruso de Energía, Sergej Zivilev, aclaró después que Moscú no podría seguir suministrando gas y productos petrolíferos a los mismos precios si Armenia pasara de la Unión Económica Euroasiática a la Unión Europea.

Por su parte, el actual gobierno de Ereván sostiene que puede transformar Armenia en un cruce regional capaz de generar riqueza gracias a la apertura de las comunicaciones, los corredores logísticos, los minerales críticos y una nueva ubicación entre Europa y Asia. En particular, el primer ministro Pashinián afirmó en un mitin electoral que no tendría sentido amenazar a Armenia con precios más altos, porque el país dispondría en el futuro de muchos más recursos. Sin embargo, sustituir ventajas energéticas concretas e inmediatas por promesas de transformación futura supone pedir a la población que acepte un cambio potencialmente traumático, especialmente en una economía pequeña y vulnerable como la armenia.

En todo esto se inserta también la visita a Ereván del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. El 26 de mayo, Armenia y Estados Unidos firmaron una Carta de Asociación Estratégica Global, suscrita por Rubio y el ministro de Asuntos Exteriores armenio, Ararat Mirzoyan. En el mismo acto se firmó también un acuerdo marco de cooperación sobre la Trump Route for International Peace and Prosperity, el proyecto TRIPP vinculado a la apertura de las comunicaciones regionales y a la conexión entre Azerbaiyán y la República Autónoma de Najicheván a través del territorio armenio. TASS informó asimismo de la firma de un memorando sobre minerales críticos y tierras raras, presentado por Rubio como un instrumento para reforzar la independencia económica.

El hecho de que estos acuerdos se hayan firmado a pocos días de la votación del 7 de junio no puede considerarse un detalle menor. Formalmente, Ereván y Washington pueden presentar todo como una cooperación bilateral normal. Políticamente, sin embargo, el efecto es el de una investidura occidental de la línea de Pashinián. En una campaña electoral ya polarizada, la presencia estadounidense refuerza la imagen del primer ministro como garante de la nueva proyección internacional de Armenia, pero al mismo tiempo alimenta las acusaciones de la oposición, que ve en su política exterior una progresiva subordinación a los intereses de Washington y una renuncia a los pilares tradicionales de la seguridad armenia.

Armenia, por su parte, trata de presentar su línea como multivectorial y no antirrusa. El ministro de Asuntos Exteriores Mirzoyan ha declarado que Ereván sigue interesado en preservar y desarrollar relaciones normales de cooperación con Rusia, añadiendo que ninguna de las dos partes tiene nada que ganar con una “no asociación”. El propio Mirzoyan ha evitado también relacionar directamente el estado de las relaciones con Moscú con las elecciones del 7 de junio, sosteniendo que Armenia quiere construir relaciones sanas, igualitarias y constructivas con sus socios rusos.

Sin embargo, esta posición parece cada vez más difícil de mantener. Un país puede aspirar a tener relaciones equilibradas con varios actores, pero no puede ignorar que las infraestructuras económicas, militares y aduaneras imponen límites objetivos. El intento de Pashinián de situar a Armenia simultáneamente en el espacio euroasiático, en la órbita de la Unión Europea y dentro de una nueva arquitectura estadounidense para el Cáucaso sur, corre el riesgo de convertir el multivectorialismo en ambigüedad estratégica.

La votación del 7 de junio decidirá, por tanto, si esta trayectoria se consolidará o se ralentizará. Una victoria de Pashinián reforzaría la línea de la controvertida paz con Azerbaiyán, la apertura hacia la UE y Estados Unidos y la progresiva disminución del peso ruso en la política armenia. Un resultado fuerte de la oposición, más favorable al mantenimiento de los lazos con Moscú, podría, en cambio, imponer un cambio de rumbo, al menos ralentizando el proceso de desvinculación del espacio euroasiático. En cualquier caso, difícilmente se volverá a la situación anterior: la confianza estratégica entre Moscú y Ereván ha quedado dañada, y la relación bilateral deberá reconstruirse sobre bases más realistas.

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